Millones de adultos en fila para ‘Avengers’ evidencian “extraña infantilización” del mundo

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En esos lugares, agrega Ways en su columna, observa “adultos concentrados en algo muy importante en su celular que resulta ser un tablero de Candy Crush”.

Critica, además, que en los espacios de trabajo a los que se resiste llamar ‘oficinas’, “copiados de las start-ups de Silicon Valley”, haya consolas de videojuegos o bates de felpa “para que los mayores de edad que allí laboran puedan disipar el estrés de la manera más ‘lúdica’ posible. Siempre, en esas situaciones, me pregunto ¿hay algún adulto en el lugar?”.

Y en cuanto a ‘Avengers’, Ways se declara sorprendido porque el fin de semana del lanzamiento de la película “millones de personas de 20, 30 y hasta 40 años” hicieran largas filas y pagaran entradas revendidas “para ver al Increíble Hulk y al Capitán América”.

“Siento una punzada de incomodidad –de pena ajena– siempre que un periodista le pregunta a un oyente o a un entrevistado, todos hombres y mujeres hechos y derechos, cuál es su superhéroe predilecto, o si lo satisfizo la ‘resolución del conflicto’ entre Thanos y los Avengers”, agrega el columnista.

Se anticipa a decir que esa perspectiva suya les parecerá exagerada a muchos, pero reafirma que “tanta ostentación de puerilidad” le parece “el síntoma de una dolencia social avanzada”.

Ways explica así su planteamiento: “Quizá el capitalismo tardío les ha cedido al Estado y a las grandes corporaciones el cuidado de […] tantas cosas —la salud, la educación, la vejez, el medioambiente, etc.: una lista creciente de responsabilidades de las que nos hemos desprendido— que el individuo, cada vez menos apoderado de su destino, halla razonable prescindir de la madurez otrora necesaria para ser dueño de su vida”.

Termina por preguntarse si esa “infantilización de la cultura” estará relacionada con el resurgimiento del autoritarismo en varias partes del mundo. “No digo que los fans de Thor o de Batman hayan creado a Bolsonaro, Duterte, Erdogan, Orban, Putin o Chávez. Pero sospecho que, en algún rincón profundo del inconsciente colectivo, los fenómenos están conectados. Una sociedad de adultos inmaduros se comportará con toda la impaciencia, los caprichos y la escasa tolerancia para la frustración que exhiben los niños. ¿Y qué anhela un niño inconforme más que la tranquilizadora mano firme de la autoridad paternal […]?”.