¿Tu perro se parece a ti? Encuentra las siete diferencias

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«Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma opinión». Los refranes encierran sabiduría y realidad. En éste habría que modificar algunos detalles, como que uno de esos «dos» es un can y descansa en el suelo (o no, eso ya depende de su dueño). El caso es que te pareces más a tu perro de lo que piensas. Y no lo decimos nosotros, sino la ciencia.

Varios estudios corroboran que escogemos a nuestro peludo por las similitudes que tenemos con él y que percibimos en él en el momento de la adquisión. Por eso, te pasmas cuando descubres el gran parecido entre un dueño y su perro ¡si parecen cortados por el mismo patrón!

Y no hablamos solamente de atributos físicos, sino de aspectos de la personalidad. Parece ser que por instinto escogemos a quienes se parecen a nosotros para garantizar que existirá compatibilidad genética.

¿Acaso no has visto las poses del chihuahua de la millonaria Paris Hilton? Vivir emancipado de su ama en una estrambótica mansión de dos plantas con lámparas de araña lo ha vuelto igual de presumido. Una prueba más de que mascotas y propietarios están cortados por el mismo patrón.

El espejo no miente

Si aún no estás convencido de esta afirmación, párate un momento frente al espejo con tu pequeño peludo y busca las siete diferencias. Quizá no halles tantas y estemos en lo cierto. Puede que seas una chica esbelta y de melena ondulada que camine por el parque con su gallardo galgo afgano o puede que estés tan musculado como tu bull americano.

A lo mejor te has dejado la misma barba que tu pequeño schnauzer o posees unos ojazos azules como Boof, aquel perro que se hizo famoso por su increíble parecido con John Travolta y que, curiosamente, es como el can con el que sales a correr todas las mañanas.

¿Casualidad? Nada de eso. Estudios como los del psicólogo japonés Sadahiko Nakajima y afirmaciones de estudiosos como Michael Roy, experto procedente de la Universidad de California, te sacan de dudas. Estos profesionales aseguran que el responsable de este fenómeno es el denominado principio de familiaridad.

 

Attractive young woman with labrador outdoors. Woman on a green grass with dog labrador retriever. Smiling and looking at the camera.

La clave reside en la mirada

Este postulado se traduce en elegir a nuestra mascota buscando nuestros rasgos en ella. Al parecer, los primeros atributos en los que nos fijamos antes de adoptar al que será nuestro perro son los ojos. Lo hacemos de manera inconsciente, eso sí, buscando una futura compatibilidad. En este sentido, el 74 por ciento de los participantes de este estudio atinó, adivinando qué can pertenecía a determinado dueño tan solo contemplando sus globos oculares.

No todo está en el exterior

Parece increíble, ¿verdad? Pues otros entendidos van más allá, asegurando que tu personalidad y la de tu perro también están íntimamente relacionadas. Si te caracterizas por tus nervios, tu mascota no parará quieta. Si posees mal genio, él tendrá malas pulgas. Si eres una persona miedosa, él se detendrá antes de acercarse a la gente. Incluso si te preocupa algo y te muestras triste, él caminará decaído. Vamos, algo así como cuando E.T. acabó con las cervezas de la nevera. ¿Cuál fue el efecto inmediato? Elliot borracho.

Los cinco grandes rasgos de la personalidad

El entendimiento entre humanos y animales domésticos fue estudiado por la Universidad de Viena con 132 parejas. Los expertos ahondaron en los comportamientos de los canes, midiendo frecuencias cardiacas y analizando la saliva, detectora de la hormona del estrés, ante determinadas situaciones. Por otro lado, sus amos rellenaron un cuestionario sobre los cinco rasgos de su personalidad: conciencia, apertura, simpatía, neuroticismo y extraversión.

Como dos gotas de agua

¿Te imaginas el resultado? Pues sí, sus perros se asemejaban más a su media naranja perfecta que sus parejas. De esta forma, las mascotas más calmadas pertenecían a personas tranquilas y las más movidas, a personas nerviosas y más extrovertidas.

En definitiva, los canes son tan bondadosos que incluso adaptan sus rasgos a nuestra personalidad, a nuestros errores y virtudes. Son una extensión de nosotros. Dime cómo eres y te diré cómo es tu perro.